Te estoy intentando despertar, huele a humo y las llamas empiezan a asomar. Te quiero decir que si no nos damos prisa se derrumbará todo encima de nosotras. Las paredes y los muebles se están consumiendo, se transforman en cenizas, estas habitaciones ya no son un lugar seguro.

Te sacudo en tu sueño profundo pidiéndote con toda mi alma que reacciones. Que te des prisa. Sabes de sobra que no da tiempo a coger nada. Solo a saltar por la ventana antes de que algún escombro caiga sobre nosotras o dificulte nuestra única vía de escape.

Aún tengo en la retina el recuerdo de aquel mueble de madera maciza, ahora chamuscado, destrozado en todo su esplendor.

Solo dame la mano, confía en mí. Vamos a saltar. Siento que todo vaya a pasar tan bruscamente, siento no haber evitado el fuego.

Vamos a saltar por la ventana. ¡Luego, corre todo lo que puedas! Intenta no mirar atrás, la imagen de la casa en llamas será demasiado desagradable.

Entonces salto dejando atrás las ruinas, oliendo a quemado. Sintiendo cenizas y polvo que el viento mueve a su antojo. Te hice caso, salté y nunca miré atrás.

Estoy lejos, me detengo solo para poder sentir un vacío abismal, todo lo que me rodea es oscuro como el carbón y me pregunto donde estás.

– ¿Dónde estás?